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La 9 maldita

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La 9 maldita

La 9 maldita

Corría el año 1994. En la calle Nápoles de Barcelona había una sala de billar llamada Billares Seriedad. Un servidor se encontraba entre el público presenciando la final del torneo del circuito. Los finalistas, a quienes les he cambiado el nombre con ánimo de guardar la confidencialidad de los implicados, eran un joven John “el rápido” y un experimentado y entrado en edad Luc “el impasible”. Estaban empatados a 8 partidas y ganaba el primero que llegase a 9.

John “el rápido”, el jugador que estaba en la mesa, tenía buen ritmo de juego y se le veía seguro de sí mismo. Se notaba en sus gestos que estaba preparado para ganar. Pero, de repente, algo me dijo que debía mirar al otro jugador. Luc “el impasible” se encontraba sentado en su silla e intuí que debía seguir observándole, en lugar de mirar a quien estaba tirando en la mesa.

El partido se había puesto interesante: John “el rápido” había terminado las bolas desde la 1 a la 8. Se había colocado la bola 9 en un tiro medio, casi recta en diagonal a una esquina de la mesa. Todo el público estaba atento a la jugada, pero Luc “el impasible”, por alguna razón, estaba mirando fijamente y de forma casi asesina y calculada a John “el rápido”, mientras éste se preparaba para hacer el último tiro de la bola 9.

En el momento en que John “el rápido” puso tiza para preparar su ultimo tiro, éste se agacho, limó su taco apuntando para ejecutar su tiro y, milésimas de segundos antes de que lanzase su brazo para golpear la bola blanca, se escuchó un fuerte y agudo ruido que retumbó en toda la sala de billar. John “el rápido” no pudo hacer nada… Al ejecutar el tiro hizo un mal gesto causado por el ruido: el estruendo le hizo moverse y fallar la bola. Su gesto facial era cercano a la estupidez…

Pero… ¡un momento! ¿Qué ha sido eso que acaba de pasar? Para entenderlo debemos retroceder en el tiempo unos segundos… Volvamos al punto en el que «Todo el público estaba atento a la jugada, pero Luc “el impasible”, por alguna razón, estaba mirando fijamente y de forma casi asesina y calculada a John “el rápido”, mientras éste se preparaba para hacer el último tiro de la bola 9». Justo cuando John se agachó a apuntar y tirar, Luc “el impasible”, sentado, cruzado de piernas, con su taco en la mano, de repente abrió sus dedos soltando su taco Joss sin inmutarse. El taco cayó al suelo causando un ruido estrepitoso, firme y totalmente inesperado, haciendo fallar la bola de ganar a su oponente.

Luc “el impasible” recogió su taco rápidamente del suelo. Se levantó de la silla observando su Joss de arriba a abajo, confirmando que estaba todo en orden para poder ejecutar su tiro. Puso tiza con sumo cuidado y se dirigió a la mesa para entronerar la bola 9. La bola que le daría el torneo.

¡Joooder! Todo ocurrió tan rápido que fue como si el mismísimo Superman hubiera pasado corriendo por delante de todos los presentes. En el público, todos notamos algo, pero no podíamos demostrarlo. En pocos segundos, se formaron pequeños grupos y parejas de personas que rumoreaban. Poco más tarde, las carcajadas inundaban el ambiente como si hubieran descubierto, finalmente, lo que ocurrió.

Luc “el impasible” era un jugador y apostador conocido. Un jugador que bien podía estar jugando a billar en la competición más prestigiosa como en los bajos fondos. Era casi como “el padre de todos los jugadores”. Y, una vez más, Luc “el impasible” dejó claro que la experiencia es una ventaja para quien sabe utilizarla en el momento adecuado. A su manera, le estaba dando una rotunda lección a su oponente.

En cuanto a mí, siempre he estado seguro que lo que me llamó la atención de Luc, y por ese motivo me quedé observándole, es que, con su mirada calculadora, en realidad estaba contando las veces que John limaba antes de tirar y poder hacer su nada plausible gesto, en el momento justo…

Martin Blue

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Comments

3 Comments

  • joan

    Uauuu! Me ha encantado esta historia. Una mirada nostálgica al billar de Barcelona. 👏👏👏👏👏

  • Martin Belmonte

    Felicidades, espero que sirva de inspiración a todos los jóvenes que estén iniciándose en un arte tan co plisado como en el que tu, as conseguido ser un maestro. Y que sea para los veteranos, un manual de historia, ya que quien no recuerda la historia, se ve obligado a repetirla, que un maestro como usted, Sr. Blue, se moleste en que la historia billaristica no se pierda en el olvido, es de agradecer para aquellas personas que no quieran repetir los fallos del pasado y utilicen el esfuerzo en avanzar y mejorar. Abrazos.

  • Moises Vilageliu

    Curiosa historia en la que lo que se puede aprender es a no ser un jugador sucio como el tal Luc.

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