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Guerra psicológica a 9 ganadas

Guerra psicológica a 9 ganadas

Guerra psicológica a 9 ganadas
Diagnóstico billarístico

Guerra psicológica a 9 ganadas

Los jugadores de billar estamos habituados a sentir, en tan solo 90 minutos, una montaña rusa de emociones: alegría, tristeza, presión, agresividad, control y descontrol en minutos… Y esto nos da un subidón de adrenalina que nos hace querer más, y ser jugadores de billar toda nuestra vida, incluso aunque no juguemos a billar. ¿Por qué? Sencillo: en una vida sin competición sentirás todos esos sentimientos, tal vez, en unos meses o semanas. Si compites a billar lo sentirás en 90 minutos.

En un partido o campeonato de billar a veces ocurren situaciones que nos ponen a prueba, situaciones capaces de sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos. En esta ocasión os cuento un partido donde, más allá de meter bolas en una mesa con seis agujeros, hubo una guerra psicológica donde el factor sorpresa fue clave. Como en alguna otra historia, en esta ocasión también hemos cambiado el nombre de los protagonistas para guardar su confidencialidad…

Málaga, año 2000 Domingo, 4 pm

Cuartos de final clasificatorio nacional de bola 9.

Ronda decisiva de clasificación para un torneo internacional que se celebraría en Alemania

Se enfrentan uno de los mejores jugadores de Barcelona de la época, Mike, contra otro de los mejores y más completos jugadores de Málaga del momento, Tom. Una gran competitividad entre Málaga y Barcelona marca la tensión en el ambiente. Da comienzo la partida.

Las normas señalan saque ganador. Desconfiados entre sí, los jugadores pactan, antes de empezar, que el jugador que comience cada partida no podrá montar su propio triángulo.

4:30 pm

El marcador señala un score de 7-0 a favor de Tom, ganando el primero que llegue a 9 partidas. Mike, sentado en su silla, concentrado en analizar la situación, por alguna razón no ha conseguido entrar en el partido. Sabe que no puede permitirse perder la más mínima oportunidad. Se propone conseguir las próximas dos partidas para poder remontar el partido y sabe que si no consigue eso, está perdido.

Tom, en mesa, satisfecho del resultado hasta el momento pero sin confiarse, está pensando en posibles fórmulas para que el partido no se le “escape”. Pero falla y Mike tiene la oportunidad que estaba esperando, como se espera la nómina a final de mes. Mike entra en mesa, consigue cerrar las dos partidas consecutivas que se había propuesto. Mientras pone tiza y observa el azul Diamond piensa: “Ya estoy dentro, 7-2 y con el taco en la mano”.

5:55 pm

Mike, satisfecho, entronera la bola 9 que le da la victoria con un resultado final de 9-8. Un furioso y encolerizado Tom, da la mano con fuerza a Mike lanzando una mirada fulminadora, sediento de venganza. Mike le responde con una firme mirada de orgullo. Pero, un momento: vayamos unos minutos hacia atrás para ver por qué este final…

4:40 pm

Tom asiste con inquietud a la pequeña remontada. Mientras recoge las bolas para formar el rombo, piensa en alguna táctica para que Mike no coja ritmo en la mesa. Pudo ser por ver el color amarillo de la bola 1, el tintineo de dos hielos en su vaso o simplemente que le llegó de repente a su mente el “viejo truco” de algún tenista:

TOM

Tengo que ir al baño.

Le dice a Mike soltando las cuatro bolas que tenía en sus manos.

Mike le responde:

MIKE

¡Hey! Espera, espera. No puedes ir hasta que estés en tu entrada, estando yo en mesa no puedes ir.

Tom ya había previsto esa reacción de Mike pero, sin contestar, simplemente se giró y se fue al baño.

Sabía perfectamente lo que estaba haciendo: intentar cortarle el ritmo de juego a su rival, que estaba en buena racha. Mike, que era un experimentado jugador, sabía lo que Tom estaba intentando hacer. Sabía que Tom quería enfadarlo para “sacarlo del partido”.

Mike, pensativo, de vuelta hacia su silla para esperar a su rival, se le ilumina la mirada. Le viene a la cabeza la forma de darle la vuelta a la situación. Se dirige al marcador del partido y se apunta una partida de más poniendo el partido en 7-3.

Mike piensa para sí: “¿Quieres guerra? ¡Ahora te vas a enterar!”.

4:50 pm

Podéis imaginar la discusión entre los jugadores cuando Tom volvió aliviada ya su vejiga… La situación creó un conflicto que obligó a parar la partida durante casi 20 minutos, nadie sabía qué hacer…

Tom se queja:

TOM

¡El marcador está mal! Íbamos 7-2…

Mike, le responde con cara de no haber roto un plato:

MIKE

¡¡Pero qué dices!! ¿No tienes memoria o qué?

TOM

Oye Mike, íbamos 7-2 antes que te dijese que necesitaba ir al baño… Espera que llamo al árbitro.

El árbitro estaba tres mesas más allá.

Mike le espeta con energía controlada:

MIKE

Primero me paras la partida estando en mi entrada para ir al baño, ¿y ahora me vienes con la excusa de que el marcador está mal?!?! ¡Venga ya!

El árbitro llega excusándose:

ÁRBITRO

Yo estoy en zona, no en una sola mesa, así que no puedo deciros cómo ibais, pero explicadme bien lo ocurrido…

Tom y Mike dan sus explicaciones al árbitro, pero claro, ¿quién lleva razón? El árbitro les pide tiempo para comentar la situación con los responsables de la organización.

5:10 pm

Al final, el árbitro se acerca a ellos y les dice:

ÁRBITRO

Chicos, vamos a dejar el marcador 7-2, seguid jugando.

Mike le pregunta al árbitro:

MIKE

Tú eres de la misma ciudad que Tom, ¿no es cierto? De acuerdo, sigamos con el partido…

Mike ya había conseguido lo que quería: simplemente darle la vuelta a una situación estresante que había creado Tom, traspasándosela a él. Esos 20 minutos de idas y venidas fueron el único pensamiento que Tom tuvo en mente el resto del partido…

El resto ya solo es historia, pero quedó claro que Tom y Mike nunca comerían juntos unos espetos en la costa malagueña…

PD: Como dijo Blaise Pascal, «si he escrito historia tan larga es porque no he tenido tiempo de hacerla más corta».

Martin Blue

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